
Teherán no es Madrid y ni tampoco Barcelona. En Teherán rige otro gobierno, se profesa otra religión y las prohibiciones están a la orden del día. En Madrid y Barcelona el mundo se ve distinto, cada uno hace más o menos lo que quiere y hay eso tan preciado llamado libertad. Hay más diferencias. Irán, dicen, esta en el punto de vista de EE.UU. con su política unilateral y belicista. Corre, siguen diciendo, un riesgo de ataque y posterior invasión liderada desde el Pentágono, tal y como ha sucedido con la vecina Iraq. En España no caerá esa breva pero no por eso estamos al margen de los tentáculos del todopoderoso rodillo estadounidense.
Saliendo a la calle un día como hoy se ve como EE.UU. está consumando su invasión silenciosa. Brujas, vampiros, muertos vivientes… Halloween ya está aquí y ha venido para quedarse. Y es que de un tiempo a esta parte parece que las tradiciones del mayor imperio que ha conocido el hombre son ya costumbres españolas. Poco a poco, y sin hacer ruido –insisto– los españoles y europeos en general están copiando todas las festividades yankees. En un tiempo celebraremos el Thanksgiving day y tiraremos cohetes y haremos barbacoas el 4 de julio.
Esto no es nuevo: los McDonald’s están por doquier, los Starbucks nos quitan los bares de toda la vida y el cine nos muestra una realidad idílica que se copia en las calles. La Vieja Europa acata sin rechistar el nuevo mundo que se le ha impuesto, sin necesidad de ataques nocturnos ni bombas de racimo. A veces una invasión no tiene más víctima que la propia cultura.
De reojo: La Reina nos ha salido de derechas. Se ha dicho mucho de lo que presuntamente comentó, pero yo me quedo con la frase, gloriosa a mi entender, de que “Abdicar, jamás. Al Rey sólo lo abdica la muerte”. Si por ellos fuera, tenemos Monarquía para rato.