
El otro día me preguntaba una colega periodista si era buena idea visitar Israel, teniendo en cuenta el aspecto de la seguridad. Yo le dije que sí, que ningún problema. Así lo viví yo cuando visité ese país tan apasionante.
Lo sucedido entre ayer y hoy supera todo lo imaginable y cambia mi respuesta. Tras una tregua de 6 meses, más o menos respetada, Israel ha ordenado una nueva campaña de bombardeos a la depauperada Franja de Gaza que ha causado al menos 282 muertos. Las consecuencias de dicho ataque son impredecibles pero conocidas.
El líder de Hamás ya ha llamado a iniciar una tercera Intifada, lo que significará una contraofensiva islamista en territorio hebreo. Esto conllevará bombas, ataques suicidas, autobuses volando por los aires y sangre, mucha sangre, y muertos, muchísimos muertos.
La cercanía de las elecciones israelíes, previstas para febrero de 2009, parece haber animado al Gobierno judío a hacerse fuerte, dando por sentado aquel axioma de cuánta más tensión hay y más violencia se utiliza para finiquitarla, más afluencia a las urnas y más votos.
Con todo, la situación en Oriente Medio vivió ayer una nueva jornada de inflexión que puede volatilizar los frágiles y poco sinceros esfuerzos de paz entre la Cisjordania de Al Fatah y el ejecutivo israelí. Pienso que, tristemente, la poca esperanza que había se ha acabado. Cabe ver también qué harán los vecinos árabes que tienen acuerdos de paz con Israel, caso de Egipto o Jordania, o Siria, que parecía haber iniciado un acercamiento sincero. Puede ser que no toleren la desmedida violencia israelí y pasen al ataque. Como telón de fondo, un Obama recién nombrado y haciendo números para reflotar la economía mundial, tendrá su primera oportunidad para demostrar si la esperanza que vendió para el planeta es creíble o no.
Pienso en todos aquellos que conocí en mi periplo israelí del pasado verano cuando sepan que vuelven a estar en guerra.
Foto: AP / Fadi Adwan
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De reojo: La prensa ha desechado una tradición bastante divertida de insertar noticias falsas el día de los inocentes. Una pena. Sólo lo mantienen algunos panfletos deportivos.