
Tal y como sucede con una ‘scoop’, las entrevistas corren el riesgo de desindividualizarse, y a no ser exclusivas de un solo medio. Eso duele, porque, al menos por un día, uno aspira a que su entrevista, su encuentro con la persona escogida, sea único. Y es que con una entrevista se suele crear una intimidad que lleva al periodista a mostrar cierta empatía con el entrevistado. A fin de cuentas, el mérito de que la pieza periodística sea de interés es compartido: uno por responder con criterio y huir de las veleidades, y el otro por plantear preguntas interesantes.
Todo esto cada vez parece, como las exclusivas, abocado a desaparecer. La profusión de medios de comunicación, hace que el tiempo del protagonista deba repartirse y fraccionarse. Eso provoca lo que he observado en las últimas semanas, cuando, en un mismo día, varios periódicos publicaban una entrevista a Fernando Alonso, o el pasado sábado, que La Vanguardia y El País coincidían en publicar una entrevista en profundidad al escritor Richard Ford con motivo de su nuevo libro. Imagino la cara de los periodistas responsables al verlo. Después de tanto trabajo, de traducción y de documentación, su pieza es sólo una más en una montaña de papel. Ello provoca, pienso, que se rompa la magia creada entre dos personas que hablan, porque el periodista ve con la angustia del celoso que no ha sido el único.
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De reojo: El Barça es juga la temporada avui a Old Trafford. ¡Som-hi Barça! Com dirien a Italia, Forza Barça. Vinci per noi.