
Me retrotraigo a mis años mozos en mi querido pueblo del prepirineo catalán. Borredà se llama ese rincón. En los meses de verano se organizaban campeonatos de fútbol sala nocturnos. Jugar este torneo tenía algo especial, puesto que lo hacías delante de todo el pueblo. Fuera cual fuera el resultado, al término del encuentro me iba a casa a pegarme la correspondiente ducha. Y, una vez limpio, salía a la calle con el pelo mojado, mis bermudas, mi camiseta y mis ‘espardenyes’. Todo ello me confería el aspecto de alguien relajado después de haber hecho un magno esfuerzo. ¡Qué lejos quedaba la tensión vivida antes y durante el partido!. En cierto modo, me sentía un poco uno de los héroes de la noche, puesto que había sido protagonista de algo que la gente había acudido a ver.
He pensado en este mi look preadolescente pos-partido al pensar en el nuevo aspecto de Ansar. Creo que el ex líder del PP viste de este modo tan informal porque se siente ese héroe que ya ha dado todo lo que debía, al que la gente admira y al que los niños quieren imitar cuando lleguen a mayores. Debe pensar algo así como: “yo os di el partido que ahora disfrutáis. Fui vuestro héroe, vuestro guía. Ahora me he alejado y vuelvo como el hijo pródigo, aquel que os dio gloria y os convirtió en lo que ahora sois”. Creo que estas ideas subyacen en el nuevo look aznarista, el de hombre relajado que piensa que ha dejado un gran legado. Claro que ya no es un chaval como lo era yo.
Foto: Efe / Kai Försterling
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